Cuando nos preparamos para las vacaciones, una de las mayores preocupaciones suele ser el viaje en avión. Todas las películas de Hollywood sobre desastres aéreos han conllevado, en todos nosotros, un miedo no fundamentado a la hora de subir a un avión.

La peor consecuencia de esto: que muchos de nosotros terminamos renunciando a conocer lugares espectaculares de este mundo.
Para ayudar a que nos reconciliemos con este medio de transporte tan temido, empezamos valorando el hecho de que el avión es un medio de transporte muy seguro, comparado con otros medios que usamos a diario, si tenemos en cuenta que viajar en moto es 500 veces más peligroso (Euribor), y viajar en coche tampoco resulta más seguro contando con que las posibilidades de tener un accidente mortal son de una entre 360.000, mientras el indice de accidente aéreo se sitúa en un 0,58 por millón de vuelos (Diario de Navarra).
Con lo dicho anteriormente, queda claro que estamos hablando de uno de los medios de transporte más seguros que exista, pero ¿qué más podemos hacer para reducir el miedo a volar?
La mejor forma de que algo deje de asustarnos es utilizar la técnica del entreno de la imaginación, asociada con el pensamiento positivo. Nos tenemos que visualizar en la situación, desde la llegada al aeropuerto, hasta el aterrizaje del avión, imaginando la forma más exitosa para afrontarla. (AbcViajar)
Y si finalmente nos armamos de valor y subimos al avión ¿que podemos hacer para que la experiencia sea de lo más placentera?
Lo primero en lo que tenemos que pensar es en ponernos ropa cómoda; la ropa demasiado apretada, muy ligera o muy pesada, puede hacernos sentir incómodos al estar tanto rato sentados. Además hay que tener en cuenta que el aire acondicionado en los aviones suele ser muy fuerte, con lo cual es conveniente llevarse siempre una chaqueta o un jersey para abrigarse y no fastidiar los primeros día de vacaciones con un constipado o algunas molestias consecuencias del frío.
Es importante tener en cuenta que la presión puede tener consecuencias sobre nuestra circulación sanguínea. Por esta razón es importante mantener una postura cuanto más distendida mejor, levantarse de vez en cuando y no quitarse zapatos o anillos, ya que después del aterrizaje nos costará mucho volver a ponérnoslos.
El aire en el avión es muy seco, por lo tanto es muy importante beber mucha agua, más que de costumbre. Este consejo se tiene que aplicar especialmente con los bebés, en cuanto se deshidratan con más facilidad que los adultos. También es recomendable llevarse algún tipo de snack ligero.
La elección del asiento también es algo a tener en cuenta. Si tenemos algo de claustrofobia, lo mejor es elegir un asiento en el pasillo.
Los aviones que hacen trayectos muy largos suelen estar equipados con televisiones en las cuales van proyectando películas, sin embargo, para cualquier trayecto, es recomendable llevarse algún tipo de entretenimiento. Nuestros favoritos suelen ser libros, revistas y la tablet cargadita de capítulos de series y algo de música. Recordad que, una vez puesto el tan famoso «modo avión», tendremos la posibilidad de utilizar nuestros aparatos electrónicos favoritos. Eso sí, si tenéis baterías portátiles, es mejor que os las llevéis…así reduciréis el riesgo de quedaros sin ellos a mitad del vuelo!
Y recordad siempre que el personal de vuelo está allí para ayudar y resolver cualquier problema, así que ¡no dudéis en pedir ayuda o consejo!
¿Ya estamos todos convencidos? Pues, ¡nos vemos a bordo!
Buen viaje